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sábado, 26 de mayo de 2012

Crónica personal (III), por Ricardo Serrano

Mis días en bachillerato no fueron muy buenos. Yo era retraído, demasiado flaco, no jugaba fútbol, tenía problemas socializando y no tenía mucha suerte con las chamas, algo que no es que haya cambiado mucho. Mis días en esa época se dividían entre la escuela y la natación, nadaba en el Club Miramar. EL club era enorme, tenía tres piscinas, tres canchas de tenis, un cine al aire libre, bowling, muchas áreas verdes y una playa. De ahí recuerdo los mejores atardeceres que he visto en mi vida.
En bachillerato hice pocos amigos ahí, pero esas amistades quedaron para siempre y ahora somos más unidos que nunca, yo veo a mis dos mejores amigos como hermanos. Conocí a Ariana un día que nos peleábamos por un trabajo, ella es la persona más tremenda que he conocido. A Ariana le encantaba hacer travesuras y no tenía miedo a hacérselas ni a los adultos. El día que nos peleamos fue porque por algún motivo ella me rompió un dibujo que había hecho para una clase, la profesora nos castigó y nos mandó a quedarnos en el almuerzo encerrados en el salón. No nos quedó otra que hablarnos y al final del recreo ya éramos amigos. Ariana me manipulaba mucho en bachillerato, pero había algo en ella que me hacía aguantarle las manipulaciones. Ella era irreverente, era diferente a los demás, no tenía límites en criticar y decir cualquier cosa; y para mí, que era una persona más bien retraída, ella me hizo cambiar un poco mi actitud ante la vida. Una tarde que estábams reunidos en mi casa haciendo un trabajo del colegio, Ariana decidió llamar a un compañero de la escuela y decirle que nos estaban secuestrando en la casa. A los veinte minutos vimos al chamo llegar con sus papás a la casa a tratar de salvarnos. Ariana y yo no podíaamos parar de reírnos, pero Ariana salió y actuó, puso cara de trauma y voz de susto y le salía tan natural que los papás se lo creyeron y pensaron en llamar a la policía, pero Ariana logró persuadirlos diciéndoles que ya lo habíamos hecho. Aparte de todo esto, Ariana compartía conmigo los mismos gustos en música y era muy raro conocer a una niña que le gustase tanto el rock como a mí.  Los papás de Ariana son muy adinerados, así que ella era muy consentida, tal vez a eso se deba su actitud irreverente. Pero al mismo tiempo, cuando Ariana estaba conmigo hablaba de temas que no podía hablar con mis otros amigos, como de política, que desde muy niño me interesó. Nunca se me olvidará una época por la que nos dio a salir a montar bicicleta en las tardes por el campo y a veces bajábamos a la playa. Más de una vez nos bañamos con ropa, llegábamos mojados a la casa de Ariana y nos secábamos. Cuando conocí a Ariana ella era rellenita, o sea una gordita con cara bonita; pero no fue mucho después de conocerla que se puso a hacer ejercicio y rebajó. Hoy en día es una mujer muy atractiva, sigue con su actitud irreverente pero muy madura a la vez, y ya no es tan tremenda.
Mi otro gran amigo es Orlando. A él lo conocí desde cuarto grado. Orlando es de temperamento calmado, muy moralista y le gusta como a mí hablar de política y música. En esa etapa de mi vida me dio por bajar mucha música, sé que es algo normal en todos los adolecentes, pero creo que yo lo hacía más que el promedio. Además, la música que escuchaba era diferente a la de muchos. En mi casa, por más que pueda sonar un poco chocante o sifrino el comentario, no se escucha música venezolana y muy poca música latina. Mi mamá en su adolescencia era fanática de Led Zeppeling, Pink Floyd y Supertramp. Mi papá de AC/DC,  The Police y Santana. A los diez años mi papá me puso The Wall (musical de Pink Floyd) y poco después Tommy (musical de The Who). Así fue como desde pequeño se me moldeó el oído al rock y al pop. Al principio escuchaba las canciones que se me pegaban de mi casa, pero luego me fui amoldando a mi propio gusto musical. Si hay un CD que encierre mi años en bachillerato es “Supernatural” de Santana. Cuando salió ese CD me compré el disco y el DVD del concierto. No podía dejar de escuchar “Smooth” con Rob Thomas, incluso hasta el día de hoy sigue siendo una de mis canciones favoritas. Recuerdo que guardaba el dinero que me daban para comer en la cafetería del colegio y lo reunía para comprar mis CDs. Cuando tenía los 40 mil bolívares reunidos me iba a pie o en bicicleta a la única tienda de CDs en Punto Fijo, que se llama Eureka. Así fue como compré “Contraband” de Velvet Revolver, “Get Born” de Jet, “Californication” de Red Hot Chilli Peppers y “No Angel” de Dido. Para aquel entonces no existía la moda de bajar música como ahora, así que me acuerdo de que las escuchaba todas por la página web de Yahoomusic.com. Gracias a esa página y a ver Much Music todos los días llegué a dar con artistas y grupos que marcarían mi vida. Así fue como llegué a conocer a mis dos grandes ídolos: Aerosmith y Madonna. La primera canción que escuche de Aerosmith fue “Crazy” y me cautivó el carisma y la voz de Steven Tyler combinado con los solos de guitarra de Joe Perry. Me encantaba que era una banda de rock pero que al mismo tiempo era muy versátil. Podía pasar de escuchar “Rag Doll” o “Dude Looks Like a Lady” cuando me sentía energético con ganas de gritar, a escuchar “I Dont Wanna Miss a Thing” cuando me sentía con los ánimos caídos. De Madonna me gustaba su irreverencia, sus chistes políticos y por supuesto sus canciones; era la música pop en su mayor expresión. Una canción que asocio mucho con mi tiempo en Punto Fijo es “American Pie” (la versión que Madonna sacó). La repetía y repetía sin dejarla de cantar.
Luego en el 2002 ocurrió un hecho que marcaría un antes y después en mi vida. Ya nunca volvería a ser el mismo: El paro petrolero. Yo tenía doce años. A mi mamá, como ya antes lo mencioné, siempre le apasionó la política. Todos los mediodías nos sentábamos a comer viendo el noticiero y recuerdo a mis papás discutiendo de las cosas que pasaban en el país. Yo, como cualquier niño, no conocía el tema a profundidad, pero por mi mamá siempre me llamó la atención la política. En mi casa me inculcaron desde pequeño que había que estar interesado en los temas sociales que nos afectaban a todos, quitar ese cierto tabú que la gente crea alrededor de la política. Creo que mi pasión en aquel momento por la naturaleza mostraba de alguna manera, aunque nunca me gusta auto-elogiarme, que yo quería ser proactivo con problemas que afectaban a mi entorno. Yo para ese entonces tenía trece años, no tendría la inocencia de un niño chiquito, pero creo que aún conservaba una mente menos contaminada que la que tengo ahora de joven… Y Chávez siempre me inspiró, desde que lo vi, malicia. Me acuerdo que el día de las elecciones presidenciales en 1998, casi todos los hermanos de mi mamá votarían por Chávez y ese día yo hice un dibujo de todos los candidatos. Por algún motivo le dibujé a Chávez unos cachos. A los diez años en una carta que le hice al niño Jesus en el año 2000 escribí textualmente: “Niño Jesús, este año antes de pedirte cosas materiales te pido el bienestar social y económico para todos los venezolanos, a excepción de algunos” (esto lo pude ver recientemente, debido a que mi mamá guardo todas las cartas).
En el 2002 comenzaron los problemas con los trabajadores de PDVSA. Por primera vez un presidente nombraba a dedo los cargos de la compañía, se comenzaba a oír la palabra “meritocracia” en las protestas que hacían los trabajadores de la empresa en Caracas durante los tiempo de almuerzo. Pronto se organizaron los trabajadores del CRP (Centro de Refinación Paraguana) y ahí entraba mi mamá. El 7 de abril del año 2002, estábamos David y yo en el cuarto de mi abuela viendo una película en RCTV, cuando de repente comenzó una cadena. Esa sería la famosa locución donde Chávez sacaría un pito y despediría, en cadena nacional, a todos los gerentes principales de PDVSA. El clima se fue poniendo más tenso, para finales de año mi mamá pasaba muy poco tiempo en la casa. Ella estaba, al igual que mi papá, dedicada de completo a la protesta civil. Recuerdo claramente una noche que mi mamá me llamó y me pidió que entrara a su cuarto, porque tenía algo importante que hablar conmigo. Se sentó en el borde de la cama; seguro venía de alguna actividad relacionada con la protesta porque cargaba su koala y gorra de Gente del Petróleo, que se había vuelto prácticamente su uniforme. Me preguntó si yo sabía lo que pasaba. Le dije que sí, pero para aquel entonces yo solo veía el problema como un problema directo con Chávez, no sabía lo que pasaba en la empresa, ni las razones sociales y políticas por las que realmente se oponían mis papás al gobierno. Mi mamá comenzó hablarme y me dijo que ella quería que yo estuviese enterado de lo que pasaba y quería saber si estaba de acuerdo, porque sus acciones tendrían una consecuencia en nuestro día a día. La conversación cada vez se tornaba más seria, la mirada en mi mamá era una que no le había visto antes. No era la furia que se le veía en los ojos durante las problemáticas entregas de boletas en el colegio o cuando raspaba un examen, esto era otra cosa, eran ojos de temor, de incertidumbre y era primera vez que veía eso en ella; porque mi mamá, si me inspiroó algo toda la vida, es que ella mantenía el control sobre todo, era parte de su personalidad matemática y calculadora. Me explicó lo que Chávez trataba de hacer con la empresa y me dijo lo importante de tener ética en la vida. Recalcó que hacía esto por David y por mí, que por eso era tan importante que nosotros entendiéramos lo que pasaba. Mi mamá era gerente del taller mecánico en la refinería, si se hubiese quedado seguramente la habrían ascendido a un puesto mucho más alto. Para ese entonces nosotros vivíamos una vida muy cómoda. Económicamente hablando, esta protesta ponía en riesgo esa estabilidad económica que teníamos en mi casa. Pero fue ahí que mi mamá me dijo que si no se unía a la protesta luego no podría exigirme ser fiel a mis convicciones y valores.  Luego de una larga conversación sobre valores y ética, mi mamá me advirtió que si se sumaba al paro, las cosas cambiarían en nuestras vidas, ya no podríamos salir tanto fuera del país de vacaciones, habría que hacer algunos ahorros en las compras diarias y en los lujos como los juguetes, etc. Todas cosas muy banales y superficiales, pero que para la vida de un niño a veces son importantes. No es fácil para un padre decirle a un hijo que no podrá ofrecerle el estilo de vida que quiere darle, quitarle lo que por tanto años lo acostumbraste a tener. Pero yo tampoco estaba tan alienado de la realidad, yo veía noticias y sabía con quién se estaba enfrentando mi mamá y por qué lo hacía. Sin dudarlo le demostré mi apoyo y me tomé la protesta como algo personal. Para mí, la gran diferencia de la lucha de los ex PDVSA con los demás problemas que han tenido los trabajadores de muchas otras empresas a lo largo de estos trece años, como los doctores, maestros, obreros, trabajadores de las industrias expropiadas, etc; está en que los petroleros se pararon por una cuestión de ética profesional y valores, nunca fue una lucha por un aumento de sueldo o condiciones laborales. Eso para mí la hace mucho más relevante. 
Creo que el paro pegó de una manera más fuerte en Falcón por dos razones: Primero, por ser un pueblo que gira en torno a la compañía petrolera y esa refinería es, de hecho, la más grande del mundo. O sea, si el CRP se paraba, PDVSA entera se paraba. Segundo, creo que el hecho de que Punto Fijo era un pueblo, lo hacía todo un gran infierno. Todos compraban la comida en el mismo supermercado, todos iban los fines de semana al mismo centro comercial, al mismo cine, al mismo McDonald’s, todos tenían a sus hijos en la misma escuela. En fin, el opositor no podía excluir al chavista de su vida y viceversa. Para el once de abril del 2002 yo llevaba días asistiendo a marchas con mi papá. El diez de abril me había salvado por segundos de unos perdigones, gracias a que corrí y me escondí debajo de un camión de perro calientes. Días antes mi mamá se había reunido con el presidente de PDVSA de aquel entonces, y había exigido la renuncia de los generales impuestos a dedo por Chávez. El once me acuerdo que la consigna era “ni un día mas”. Pusieron unas cornetas en la marcha donde escuchábamos qué decía Chávez y donde un vocero nos relataba qué pasaba en Caracas.
El dos de enero del año 2003 botaron a mi mamá de PDVSA. Las protestas, como era de esperarse, se intensificaron y mi mamá cada vez agarraba más protagonismo en el polo opositor de Punto Fijo, creo que debido a su facilidad para expresarse. Constantemente salía en los periódicos y televisoras locales. Recuerdo haberla visto en un programa de Falconia, un canal local que tenía tendencia chavista y ver cómo varios comentaristas insultaban a mi mamá. Era algo totalmente surreal pero a la vez, tengo que admitirlo, me resultaba emocionante. Todo eso de las marchas, los cacerolazos, era algo que para un niño puede resultar algo más bien divertido. Yo ya veía a Chávez como Darth Vader y cuando salíamos a marchar me sentía como uno más del ala rebelde.
Luego ocurrieron los hechos de la urbanización Los Cemerucos, un conjunto de casas para los empleados de PDVSA. La Guardia Nacional se apareció un día y empezó a sacar a las familias de sus casas a la fuerza. Suspendieron las clases en los colegios, y se formó una especie de guerra civil en el conjunto residencial que duró por semanas. Mis papás dormían acampando en un parque infantil de la urbanización. Todos los días escuchaba de papás de compañeros de estudio que se los llevaban presos. Veía los testimonios de amigas de mi mamá que lloraban con impotencia al no saber a dónde irse a vivir. Literalmente a esta gente la dejaban en la calle, no les habían pagado sus prestaciones, muchos de ellos endeudados porque nunca imaginaron que esto pasaría. Gracias a Dios este no sería el caso de mi familia. Recuerdo el testimonio de una amiga de la familia, que por cierto había sido nuestra antigua vecina en la urbanización de tráilers, y contaba cómo los guardias le lazaban bombas al cuarto del bebé, en el que claramente se veía que había una cuna. La señora relató cómo un guardia se bajó el pantalón para orinar en la entrada de su casa y le gritó al verla: “¡Tú necesitas a un macho, no al marico de tu marido!”. Luego, recuerdo las noches en las que íbamos a visitar a los amigos de mis papás a la cárcel. Poco después mi colegio convocaría a una reunión para decirles a los representantes que estaba quebrado, esto debido a que casi la totalidad de los estudiantes eran hijos de ex – PDVSA y la mayoría ya no tenía ni con qué pagarle la escuela a sus hijos. Al lunes siguiente de esa reunión recuerdo los comentarios de las mamas de compañeros que se habían puesto a llorar en plena reunión rogándole a los representantes de la escuela para que no la cerraran.  
El problema se extendió hasta el paro nacional convocado por la CTV y Federcámaras, para el que montaron la Coordinadora Democrática, que diariamente mostraba un reporte de cómo se cumplía el paro a nivel nacional. Mi mamá siempre salía de vocera del CRP. Pasó el tiempo y recuerdo que la mayoría de la gente en nuestro entorno fue abandonando Punto Fijo. La mayoría se fue del país, otros se mudaron a sus ciudades de origen. Pero mientras todos se movían, mi mamá seguía de fondo trabajando con Gente del Petróleo. Se creó la Red en Positivo, que era una campaña de concientización a los venezolanos de la situación que se vivía en el país, de cómo los medios de PDVSA no se veían invertidos en el pueblo. Recuerdo haber escuchado una vez a mamá decir que ella se sentía culpable, porque antes de Chávez ella nunca había participado en nada político, y que desde que trabajaba en PDVSA nunca se había detenido a pensar en si de verdad estaban siendo bien invertidos los recursos, pero que al mismo tiempo la idea no era quedarse enfrascado en los errores del pasado, sino mas bien tomar una actitud proactiva hacia la vida y buscar el cambio.  Al ver que las cosas no cambiaban, mi mamá cayó en una crisis depresiva que nos afectó a todos en la casa. Para una mujer como ella, que había sido excelente estudiante, y que había luchado para obtener el cargo que tenía en PDVSA, no estaba acostumbrada a recibir el fracaso con tanta frecuencia. En el año 2004 un amigo le propuso montar una compañía de mantenimiento mecánico a plantas. La compañía fue un fracaso por que Chávez se aseguró de amenazar a todas las compañías nacionales en no contratar a ex –PDVSA. Fue así como mi mamá consiguió trabajo con Ecopetrol en Colombia. Por esos años fueron varias las semanas que mi mamá pasaba afuera de la casa. Y luego ese mismo año consiguió un contrato por seis meses en Indonesia y Singapur. Lo tomó y, aunque fue muy fuerte la lejanía, creo que estar de vuelta a su trabajo le hizo bien.
Aún con todos estos trabajos, mi mamá seguía muy activa con su lucha política y, un día saliendo de una reunión con líderes de Gente del Petróleo, le dispararon. Gracias a Dios logró salvarse de que la bala le diera. Tiempo después le llegó a mi mamá una propuesta de trabajo en Canadá. La primera respuesta de mi mamá fue negativa, ella no quería dejar a su país, ni a su familia. Pero mi, papá preocupado por su seguridad, la convenció, y fue así como en marzo del 2005 estaba montándome en un vuelo con destino a Alberta, Canadá.

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