Mis días en bachillerato no fueron muy buenos. Yo era
retraído, demasiado flaco, no jugaba fútbol, tenía problemas socializando y no
tenía mucha suerte con las chamas, algo que no es que haya cambiado mucho. Mis
días en esa época se dividían entre la escuela y la natación, nadaba en el Club
Miramar. EL club era enorme, tenía tres piscinas, tres canchas de tenis, un
cine al aire libre, bowling, muchas áreas verdes y una playa. De ahí recuerdo
los mejores atardeceres que he visto en mi vida.
En bachillerato hice pocos amigos ahí, pero esas
amistades quedaron para siempre y ahora somos más unidos que nunca, yo veo a
mis dos mejores amigos como hermanos. Conocí a Ariana un día que nos peleábamos
por un trabajo, ella es la persona más tremenda que he conocido. A Ariana le
encantaba hacer travesuras y no tenía miedo a hacérselas ni a los adultos. El día
que nos peleamos fue porque por algún motivo ella me rompió un dibujo que había
hecho para una clase, la profesora nos castigó y nos mandó a quedarnos en el
almuerzo encerrados en el salón. No nos quedó otra que hablarnos y al final del
recreo ya éramos amigos. Ariana me manipulaba mucho en bachillerato, pero había
algo en ella que me hacía aguantarle las manipulaciones. Ella era irreverente,
era diferente a los demás, no tenía límites en criticar y decir cualquier cosa;
y para mí, que era una persona más bien retraída, ella me hizo cambiar un poco
mi actitud ante la vida. Una tarde que estábams reunidos en mi casa haciendo un
trabajo del colegio, Ariana decidió llamar a un compañero de la escuela y
decirle que nos estaban secuestrando en la casa. A los veinte minutos vimos al
chamo llegar con sus papás a la casa a tratar de salvarnos. Ariana y yo no
podíaamos parar de reírnos, pero Ariana salió y actuó, puso cara de trauma y
voz de susto y le salía tan natural que los papás se lo creyeron y pensaron en
llamar a la policía, pero Ariana logró persuadirlos diciéndoles que ya lo
habíamos hecho. Aparte de todo esto, Ariana compartía conmigo los mismos gustos
en música y era muy raro conocer a una niña que le gustase tanto el rock como a
mí. Los papás de Ariana son muy
adinerados, así que ella era muy consentida, tal vez a eso se deba su actitud
irreverente. Pero al mismo tiempo, cuando Ariana estaba conmigo hablaba de
temas que no podía hablar con mis otros amigos, como de política, que desde muy
niño me interesó. Nunca se me olvidará una época por la que nos dio a salir a
montar bicicleta en las tardes por el campo y a veces bajábamos a la playa. Más
de una vez nos bañamos con ropa, llegábamos mojados a la casa de Ariana y nos
secábamos. Cuando conocí a Ariana ella era rellenita, o sea una gordita con
cara bonita; pero no fue mucho después de conocerla que se puso a hacer
ejercicio y rebajó. Hoy en día es una mujer muy atractiva, sigue con su actitud
irreverente pero muy madura a la vez, y ya no es tan tremenda.
Mi otro gran amigo es Orlando. A él lo conocí desde
cuarto grado. Orlando es de temperamento calmado, muy moralista y le gusta como
a mí hablar de política y música. En esa etapa de mi vida me dio por bajar
mucha música, sé que es algo normal en todos los adolecentes, pero creo que yo
lo hacía más que el promedio. Además, la música que escuchaba era diferente a
la de muchos. En mi casa, por más que pueda sonar un poco chocante o sifrino el
comentario, no se escucha música venezolana y muy poca música latina. Mi mamá
en su adolescencia era fanática de Led Zeppeling, Pink Floyd y Supertramp. Mi papá
de AC/DC, The Police y Santana. A los
diez años mi papá me puso The Wall (musical de Pink Floyd) y poco después Tommy
(musical de The Who). Así fue como desde pequeño se me moldeó el oído al rock y
al pop. Al principio escuchaba las canciones que se me pegaban de mi casa, pero
luego me fui amoldando a mi propio gusto musical. Si hay un CD que encierre mi
años en bachillerato es “Supernatural” de Santana. Cuando salió ese CD me
compré el disco y el DVD del concierto. No podía dejar de escuchar “Smooth” con
Rob Thomas, incluso hasta el día de hoy sigue siendo una de mis canciones
favoritas. Recuerdo que guardaba el dinero que me daban para comer en la
cafetería del colegio y lo reunía para comprar mis CDs. Cuando tenía los 40 mil
bolívares reunidos me iba a pie o en bicicleta a la única tienda de CDs en
Punto Fijo, que se llama Eureka. Así fue como compré “Contraband” de Velvet Revolver,
“Get Born” de Jet, “Californication” de Red Hot Chilli Peppers y “No Angel” de
Dido. Para aquel entonces no existía la moda de bajar música como ahora, así
que me acuerdo de que las escuchaba todas por la página web de Yahoomusic.com.
Gracias a esa página y a ver Much Music todos los días llegué a dar con
artistas y grupos que marcarían mi vida. Así fue como llegué a conocer a mis
dos grandes ídolos: Aerosmith y Madonna. La primera canción que escuche de
Aerosmith fue “Crazy” y me cautivó el carisma y la voz de Steven Tyler
combinado con los solos de guitarra de Joe Perry. Me encantaba que era una
banda de rock pero que al mismo tiempo era muy versátil. Podía pasar de
escuchar “Rag Doll” o “Dude Looks Like a Lady” cuando me sentía energético con
ganas de gritar, a escuchar “I Dont Wanna Miss a Thing” cuando me sentía con
los ánimos caídos. De Madonna me gustaba su irreverencia, sus chistes políticos
y por supuesto sus canciones; era la música pop en su mayor expresión. Una
canción que asocio mucho con mi tiempo en Punto Fijo es “American Pie” (la
versión que Madonna sacó). La repetía y repetía sin dejarla de cantar.
Luego en el 2002 ocurrió un hecho que marcaría un
antes y después en mi vida. Ya nunca volvería a ser el mismo: El paro petrolero.
Yo tenía doce años. A mi mamá, como ya antes lo mencioné, siempre le apasionó
la política. Todos los mediodías nos sentábamos a comer viendo el noticiero y
recuerdo a mis papás discutiendo de las cosas que pasaban en el país. Yo, como
cualquier niño, no conocía el tema a profundidad, pero por mi mamá siempre me
llamó la atención la política. En mi casa me inculcaron desde pequeño que había
que estar interesado en los temas sociales que nos afectaban a todos, quitar
ese cierto tabú que la gente crea alrededor de la política. Creo que mi pasión
en aquel momento por la naturaleza mostraba de alguna manera, aunque nunca me gusta
auto-elogiarme, que yo quería ser proactivo con problemas que afectaban a mi
entorno. Yo para ese entonces tenía trece años, no tendría la inocencia de un
niño chiquito, pero creo que aún conservaba una mente menos contaminada que la
que tengo ahora de joven… Y Chávez siempre me inspiró, desde que lo vi,
malicia. Me acuerdo que el día de las elecciones presidenciales en 1998, casi
todos los hermanos de mi mamá votarían por Chávez y ese día yo hice un dibujo
de todos los candidatos. Por algún motivo le dibujé a Chávez unos cachos. A los
diez años en una carta que le hice al niño Jesus en el año 2000 escribí
textualmente: “Niño Jesús, este año antes de pedirte cosas materiales te pido
el bienestar social y económico para todos los venezolanos, a excepción de
algunos” (esto lo pude ver recientemente, debido a que mi mamá guardo todas las
cartas).
En el 2002 comenzaron los problemas con los
trabajadores de PDVSA. Por primera vez un presidente nombraba a dedo los cargos
de la compañía, se comenzaba a oír la palabra “meritocracia” en las protestas
que hacían los trabajadores de la empresa en Caracas durante los tiempo de
almuerzo. Pronto se organizaron los trabajadores del CRP (Centro de Refinación
Paraguana) y ahí entraba mi mamá. El 7 de abril del año 2002, estábamos David y
yo en el cuarto de mi abuela viendo una película en RCTV, cuando de repente
comenzó una cadena. Esa sería la famosa locución donde Chávez sacaría un pito y
despediría, en cadena nacional, a todos los gerentes principales de PDVSA. El
clima se fue poniendo más tenso, para finales de año mi mamá pasaba muy poco
tiempo en la casa. Ella estaba, al igual que mi papá, dedicada de completo a la
protesta civil. Recuerdo claramente una noche que mi mamá me llamó y me pidió
que entrara a su cuarto, porque tenía algo importante que hablar conmigo. Se
sentó en el borde de la cama; seguro venía de alguna actividad relacionada con
la protesta porque cargaba su koala y gorra de Gente del Petróleo, que se había
vuelto prácticamente su uniforme. Me preguntó si yo sabía lo que pasaba. Le
dije que sí, pero para aquel entonces yo solo veía el problema como un problema
directo con Chávez, no sabía lo que pasaba en la empresa, ni las razones
sociales y políticas por las que realmente se oponían mis papás al gobierno. Mi
mamá comenzó hablarme y me dijo que ella quería que yo estuviese enterado de lo
que pasaba y quería saber si estaba de acuerdo, porque sus acciones tendrían
una consecuencia en nuestro día a día. La conversación cada vez se tornaba más
seria, la mirada en mi mamá era una que no le había visto antes. No era la
furia que se le veía en los ojos durante las problemáticas entregas de boletas
en el colegio o cuando raspaba un examen, esto era otra cosa, eran ojos de
temor, de incertidumbre y era primera vez que veía eso en ella; porque mi mamá,
si me inspiroó algo toda la vida, es que ella mantenía el control sobre todo,
era parte de su personalidad matemática y calculadora. Me explicó lo que Chávez
trataba de hacer con la empresa y me dijo lo importante de tener ética en la
vida. Recalcó que hacía esto por David y por mí, que por eso era tan importante
que nosotros entendiéramos lo que pasaba. Mi mamá era gerente del taller
mecánico en la refinería, si se hubiese quedado seguramente la habrían ascendido
a un puesto mucho más alto. Para ese entonces nosotros vivíamos una vida muy
cómoda. Económicamente hablando, esta protesta ponía en riesgo esa estabilidad
económica que teníamos en mi casa. Pero fue ahí que mi mamá me dijo que si no
se unía a la protesta luego no podría exigirme ser fiel a mis convicciones y
valores. Luego de una larga conversación
sobre valores y ética, mi mamá me advirtió que si se sumaba al paro, las cosas
cambiarían en nuestras vidas, ya no podríamos salir tanto fuera del país de
vacaciones, habría que hacer algunos ahorros en las compras diarias y en los lujos
como los juguetes, etc. Todas cosas muy banales y superficiales, pero que para
la vida de un niño a veces son importantes. No es fácil para un padre decirle a
un hijo que no podrá ofrecerle el estilo de vida que quiere darle, quitarle lo
que por tanto años lo acostumbraste a tener. Pero yo tampoco estaba tan
alienado de la realidad, yo veía noticias y sabía con quién se estaba
enfrentando mi mamá y por qué lo hacía. Sin dudarlo le demostré mi apoyo y me
tomé la protesta como algo personal. Para mí, la gran diferencia de la lucha de
los ex PDVSA con los demás problemas que han tenido los trabajadores de muchas
otras empresas a lo largo de estos trece años, como los doctores, maestros,
obreros, trabajadores de las industrias expropiadas, etc; está en que los
petroleros se pararon por una cuestión de ética profesional y valores, nunca
fue una lucha por un aumento de sueldo o condiciones laborales. Eso para mí la
hace mucho más relevante.
Creo que el paro pegó de una manera más fuerte en Falcón
por dos razones: Primero, por ser un pueblo que gira en torno a la compañía
petrolera y esa refinería es, de hecho, la más grande del mundo. O sea, si el
CRP se paraba, PDVSA entera se paraba. Segundo, creo que el hecho de que Punto
Fijo era un pueblo, lo hacía todo un gran infierno. Todos compraban la comida
en el mismo supermercado, todos iban los fines de semana al mismo centro comercial,
al mismo cine, al mismo McDonald’s, todos tenían a sus hijos en la misma
escuela. En fin, el opositor no podía excluir al chavista de su vida y
viceversa. Para el once de abril del 2002 yo llevaba días asistiendo a marchas
con mi papá. El diez de abril me había salvado por segundos de unos perdigones,
gracias a que corrí y me escondí debajo de un camión de perro calientes. Días
antes mi mamá se había reunido con el presidente de PDVSA de aquel entonces, y
había exigido la renuncia de los generales impuestos a dedo por Chávez. El once
me acuerdo que la consigna era “ni un día mas”. Pusieron unas cornetas en la
marcha donde escuchábamos qué decía Chávez y donde un vocero nos relataba qué
pasaba en Caracas.
El dos de enero del año 2003 botaron a mi mamá de
PDVSA. Las protestas, como era de esperarse, se intensificaron y mi mamá cada
vez agarraba más protagonismo en el polo opositor de Punto Fijo, creo que
debido a su facilidad para expresarse. Constantemente salía en los periódicos y
televisoras locales. Recuerdo haberla visto en un programa de Falconia, un
canal local que tenía tendencia chavista y ver cómo varios comentaristas
insultaban a mi mamá. Era algo totalmente surreal pero a la vez, tengo que
admitirlo, me resultaba emocionante. Todo eso de las marchas, los cacerolazos,
era algo que para un niño puede resultar algo más bien divertido. Yo ya veía a
Chávez como Darth Vader y cuando salíamos a marchar me sentía como uno más del
ala rebelde.
Luego ocurrieron los hechos de la urbanización Los Cemerucos,
un conjunto de casas para los empleados de PDVSA. La Guardia Nacional se apareció
un día y empezó a sacar a las familias de sus casas a la fuerza. Suspendieron
las clases en los colegios, y se formó una especie de guerra civil en el
conjunto residencial que duró por semanas. Mis papás dormían acampando en un
parque infantil de la urbanización. Todos los días escuchaba de papás de
compañeros de estudio que se los llevaban presos. Veía los testimonios de
amigas de mi mamá que lloraban con impotencia al no saber a dónde irse a vivir.
Literalmente a esta gente la dejaban en la calle, no les habían pagado sus
prestaciones, muchos de ellos endeudados porque nunca imaginaron que esto
pasaría. Gracias a Dios este no sería el caso de mi familia. Recuerdo el
testimonio de una amiga de la familia, que por cierto había sido nuestra
antigua vecina en la urbanización de tráilers, y contaba cómo los guardias le
lazaban bombas al cuarto del bebé, en el que claramente se veía que había una
cuna. La señora relató cómo un guardia se bajó el pantalón para orinar en la
entrada de su casa y le gritó al verla: “¡Tú necesitas a un macho, no al marico
de tu marido!”. Luego, recuerdo las noches en las que íbamos a visitar a los
amigos de mis papás a la cárcel. Poco después mi colegio convocaría a una
reunión para decirles a los representantes que estaba quebrado, esto debido a
que casi la totalidad de los estudiantes eran hijos de ex – PDVSA y la mayoría
ya no tenía ni con qué pagarle la escuela a sus hijos. Al lunes siguiente de
esa reunión recuerdo los comentarios de las mamas de compañeros que se habían
puesto a llorar en plena reunión rogándole a los representantes de la escuela
para que no la cerraran.
El problema se extendió hasta el paro nacional convocado
por la CTV y Federcámaras, para el que montaron la Coordinadora Democrática,
que diariamente mostraba un reporte de cómo se cumplía el paro a nivel
nacional. Mi mamá siempre salía de vocera del CRP. Pasó el tiempo y recuerdo
que la mayoría de la gente en nuestro entorno fue abandonando Punto Fijo. La
mayoría se fue del país, otros se mudaron a sus ciudades de origen. Pero
mientras todos se movían, mi mamá seguía de fondo trabajando con Gente del
Petróleo. Se creó la Red en Positivo, que era una campaña de concientización a
los venezolanos de la situación que se vivía en el país, de cómo los medios de
PDVSA no se veían invertidos en el pueblo. Recuerdo haber escuchado una vez a mamá
decir que ella se sentía culpable, porque antes de Chávez ella nunca había
participado en nada político, y que desde que trabajaba en PDVSA nunca se había
detenido a pensar en si de verdad estaban siendo bien invertidos los recursos,
pero que al mismo tiempo la idea no era quedarse enfrascado en los errores del
pasado, sino mas bien tomar una actitud proactiva hacia la vida y buscar el
cambio. Al ver que las cosas no
cambiaban, mi mamá cayó en una crisis depresiva que nos afectó a todos en la
casa. Para una mujer como ella, que había sido excelente estudiante, y que
había luchado para obtener el cargo que tenía en PDVSA, no estaba acostumbrada
a recibir el fracaso con tanta frecuencia. En el año 2004 un amigo le propuso
montar una compañía de mantenimiento mecánico a plantas. La compañía fue un
fracaso por que Chávez se aseguró de amenazar a todas las compañías nacionales
en no contratar a ex –PDVSA. Fue así como mi mamá consiguió trabajo con Ecopetrol
en Colombia. Por esos años fueron varias las semanas que mi mamá pasaba afuera de
la casa. Y luego ese mismo año consiguió un contrato por seis meses en
Indonesia y Singapur. Lo tomó y, aunque fue muy fuerte la lejanía, creo que
estar de vuelta a su trabajo le hizo bien.
Aún con todos estos trabajos, mi mamá seguía muy
activa con su lucha política y, un día saliendo de una reunión con líderes de
Gente del Petróleo, le dispararon. Gracias a Dios logró salvarse de que la bala
le diera. Tiempo después le llegó a mi mamá una propuesta de trabajo en Canadá.
La primera respuesta de mi mamá fue negativa, ella no quería dejar a su país, ni
a su familia. Pero mi, papá preocupado por su seguridad, la convenció, y fue
así como en marzo del 2005 estaba montándome en un vuelo con destino a Alberta,
Canadá.
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