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miércoles, 31 de agosto de 2011

Migración, por Eleonora Istúriz Zambrano

"Los que sufren el insilio sueñan muchas veces con una isla que no existe más que en su imaginación; los que viven en exilio mueren soñando regresar algún día....." Del libro de cuentos Julio Ramón Ribeiro Maldito amor de 1996

Hace ocho años me encontraba en la situación de que había terminado la universidad y ya sólo tenía que hacer la tesis. Llevaba ya casi dos años separada de mi ex marido, con un hijo que venía a verme a diario casi por obligación. Veía a las parejas con envidia y me sentía muy sola. Trabajaba mucho, muchísimo y cada día tenía menos. Pensaba: trabajo más que antes, soy productiva y me esfuerzo, no es mi culpa, no es que no haga las cosas bien, es el país que no da. ¿Qué puedo hacer? y allí, creo que por primera vez, pensé en que estaba en un momento decisivo: o me implicaba en “algo” (conspirar, meterme en política, hacer algo para tratar de detener lo que ahora es una realidad) o largarme.
Era la época de las guarimbas, de la lluvia de botellas, piedras y petardos para entrar o salir de la Candelaria, donde vivía. Un día sí, un día no, veía como hacían fogatas para cerrar las calles y venía la guardia nacional a dispararle a la gente, venían en ambulancias, en los taxis blancos y en los camiones de la basura (camuflados) para sorprender a la gente que protestaba. Más de una vez apagué las luces del apartamento y a rastras les tiraba botellas para evitar que se llevaran a alguien o para que dejaran de disparar.
Mi rutina era trabajo, universidad y casa; al acabarse la Escuela, me quedó un poco de tiempo y entonces me dedicaba a leer y navegar por internet. Un día cayó en mis manos una revista donde hablaban de un estudio que había hecho un sociólogo español. Este especialista puso un anuncio en un periódico haciéndose pasar por una chica, con el fin de estudiar las respuestas que obtuviera. El aviso decía: “Joven universitaria, muy guapa y seria pero morbosa busca hombres para relaciones sexuales”.
Me hizo mucha gracia y pensé que yo también podría hacer lo mismo y reírme un rato. Como no iba a gastarme un dinero que no tenía en publicar avisos, decidí hacerlo por internet. Para ello me metí en las páginas de contactos y puse más o menos lo mismo:”chica universitaria…..” y me describí más o menos como soy (para ser más convincente y no olvidarme del cuento, si ponía otra cosa podían pillarme por eso, por la falta de memoria). Así que lo único que alteré fui mi estatura y el color de cabello, me puse un poco más alta y desde luego rubia. Vamos, el tópico que les gusta a la mayoría de los hombres. Y funcionó. En mi siguiente entrada en la red, vi como llovían hombres con promesas de todas clases. Los había militares (esos con el pecho lleno de medallas), cursis de esos que te mandan angelitos, corazones etc., gordos, flacos, de todo. De ese mar de pretendientes sólo tres se dieron cuenta de que se trataba de un juego, entre ellos mi actual marido. Le dije “¿tú has leído lo que puse en mi perfil? Y me dijo, si y sé que no es verdad y lo que me interesa eres tú.
Hablábamos a diario, nos enviábamos mensajes al celular, luego él me llamaba a casa. A los tres meses me estaba subiendo a un avión para venirme.
Concretando, creo que me vine evidentemente por amor, pero también por desamor: desamor con el país y con la gente. Harta de tanta violencia e injusticia. Porque no me veía futuro allá. Me vine casi sin pensarlo, no tenía nada que perder.

Al llegar aquí lo primero que me llamó la atención fue que “esto” fuera un país, un lugar de 480 km aproximadamente, creo que más pequeño que Guarenas y con sólo 70 mil habitantes (ahora mismo por la crisis quizás seamos menos). Es un principado, donde no hay correo propio (usamos correos españoles o la Poste francesa) en el que el periódico es como el de un liceo. Donde no se produce nada, se vive del turismo de nieve; sin embargo la gente vive bien.
Me impresionaba ver a gente mayor de dependientes o cajeros de automercado. Por otro lado, estas personas que sólo son empleados de una tienda se pueden permitir un carro, una casa, vacaciones y comprarse cosas.
Un choque: El idioma, aquí se hablan 4 lenguas: Catalán (lengua oficial), francés, español, portugués (hay portugueses como arroz) e inglés. Yo me preguntaba ¿Qué puedo hacer con mis estudios de Letras aquí?
Parecía un lugar de oportunidades, que se podían hacer cosas, habían construcciones por todos lados (el boom del ladrillo), mirabas las ofertas de negocios y faltaban cosas (siguen faltando, pero no hay suficiente demanda, dicen).
Al día siguiente de mi llegada salí a comprar azúcar, al querer volver, no sabía dónde estaba el edificio, todo era igual, edificios, casas, todos de piedra y con flores en los balcones. Para un ojo acostumbrado al caos urbanístico de Caracas donde no hay nada igual, ni siquiera en armonía, esta consonancia arquitectónica era confusa. Claro, yo llegué muerta de sueño como a las 6 de la tarde y con jet lag a tope. Logicamente a los días ya distinguía las casas.
Otra cosa de la que me di cuenta ese día fue que aquí la vida comienza a partir de las 10 de la mañana, antes es madrugada.
Cuando llevaba como un mes, luego de un largo paseo sentí ese cansancio del que quiere ya llegar a casa. Esa casa era Venezuela, y fue en ese instante cuando tomé conciencia de que me había marchado, no es que fuera idiota y no lo supiera, pero mi cuerpo no lo había asimilado. Ese día me dije, mi casa está aquí. Pasarían muchos más antes de poder rellenar cualquier formulario poniendo este lugar como residencia.
Mi estancia los primeros años fue muy dura a nivel emocional, este es un país donde se vive para trabajar, no existe vida social, nadie viene a verte, a nadie le interesa lo que te pasa, puedes pasar un año sin hablar con tu vecino. Todos dicen que no debería ser así, pero ninguno hace algo por cambiar las cosas, llega el momento en que tú haces igual, te encierras en tu vida y ya. No quiero ser como ellos, quiero ser una persona amistosa como siempre he sido. A veces nos tomamos algo con alguna persona, pero no nos llamamos, no vienen a casa y yo no voy a la suya. Podemos pasar una tarde estupenda, pero no pasa de allí, de una tarde.
Por esos días comencé a buscar algo que hacer, lo primero que se me ocurrió es que podría realizar un post grado en Lengua Catalana, esto me permitiría trabajar en un liceo o como correctora en alguna publicación. Para empezar tenía que terminar mi tesis, validar todos los papeles aquí y me esperaban por lo menos 5 años más de estudios. Me animaba mucho un anuncio que veía frecuentemente en el periódico, pero un día se lo comenté a mi profesora de catalán y me dijo:” exigen un nivel “D” (abarca las reglas generales y excepciones en gramática y sintaxis, variantes del catalán que se hablan en otras zonas y un sinfín de cosas) y pagan una miseria, trabajas como un animal por muy poco, por eso nadie lo quiere. Así que esa opción quedaba descartada. Los puestos de trabajo que había y siguen habiendo son en tiendas, auto- mercados, hoteles o restaurantes y los horarios de esclavos (9:00am a las 9:00 de la noche y ahora se habla de 10:00pm) sólo un día libre a la semana. En andorra sólo hay 4 días festivos al año, de resto se trabaja. Los empleos en gobierno están destinados a los Andorranos y los pocos cupos para extranjeros generalmente son para gente de la comunidad europea. Para obtener la nacionalidad por vía del matrimonio tienes que esperar 3 años y para un residente son 20 años y en ambos casos se debe presentar un examen. Esto y el hecho de que mi esposo y yo nos conocimos con 38 años hicieron que pensara en probar suerte con los complementos (ya lo hacía en Caracas y no me iba tan mal, sobrevivía). Así que un dinero que había ganado trabajando la temporada de diciembre en la empresa donde trabaja Juan, lo invertí integro en hacer varios collares y accesorios y me fui por la tiendas ofreciéndolos en consignación. Contacté chicas que trabajaran y pudieran pagarse sus caprichos y les ofrecí mis productos. No fue, ni es fácil, primero tuve que aprender a trabajar por estaciones (en Caracas hay como mucho dos estaciones, playa y diciembre, temporada en la que la gente busca cosas de fiesta). Tuve que aprender a usar otros colores, texturas y otros gustos. Mientras que en Venezuela podía perfectamente vivir de dos o tres modelos de collares al año, aquí tengo que hacer más de veinte tipos para asegurarme vender algo. Evidentemente todas estas experiencias me han enriquecido mucho, cada día estoy aprendiendo algo. La crisis que atraviese Europa no ayuda para nada, pero vamos resistiendo como se puede. Por fortuna mi marido tiene un buen empleo y puede mantenerme mientras espero a que las cosas mejoren.
A todas estas, pasé por cosas muy malas a nivel mental, tuve lo que llaman el síndrome del inmigrante, tenía pánico a quedarme sola (me venía a la mente cosas tan locas como miedo a morirme lejos de mi tierra, entre desconocidos, me acordaba siempre de un capítulo de Sefarad, de Muñoz Molina donde hablaba de eso), fue una etapa de nervios que no se la deseo a nadie. Me curó mi madre, y mi perrito Pancho, ellos con su presencia me hicieron sentir que no estaba sola. Bueno eso y el poner mis papeles en regla.
Ahora estoy mentalmente fuerte, pero sigo y seguiré sin acostumbrarme a la soledad aquí, no es una soledad elegida, es impuesta. No obstante, soy feliz, porque tengo un trabajo que me gusta, tengo tiempo para mis cosas y un marido maravilloso que me respeta, admira y ama como nunca nadie lo ha hecho. Como pareja hemos logrado superar muchas cosas y estamos muy compenetrados. Muchas veces al estar en tu tierra, no arreglas los problemas porque no te das la oportunidad, te largas a casa de tu madre o la de una amiga en un arranque. Mientras que cuando estás sola, te ves obligada a enfrentar las cosas y luego te das cuenta de que era una tontería y has ganado mucho. Aquí me he desprendido de muchos prejuicios tontos, creo que provincianos y me ha abierto la mente en muchos aspectos. Sin duda he aprendido muchas cosas y sigo aprendiendo cada día.
El clima es un asunto grave para alguien que viene de un país con sol todo el año, aquí el invierno dura 10 meses, es así. Las temperaturas suelen ser muy bajas, hemos llegado a -16º. El verano apenas dura un mes (este año ni eso, la temperatura más alta ha sido 26 y eso duró dos días). Ya lo he superado, sólo me quejo en otoño justo cuando acaba el verano. Luego guardo silencio y se quejan más los locales que yo.
También me he dado cuenta que al ser esto un Principado (como Mónaco) tan cerrado en todos los sentidos (aquí manda un Cap de govern (Jefe o cabeza de gobierno) y el Obispo de la Seo de Urgell) no se permiten muchas cosas y los medidas sociales no existen. Es un país de derechas. Con muchos límites a la inmigración, no entra quien quiere, sino quien puede. Hay cupos de permisos de trabajo y casi todos a personas de la comunidad europea, con las excepciones de los argentinos o chilenos que vienen con contratos de trabajo a hacer la temporada de esquí.
No hay contrastes raciales, de hecho el día de reyes un hombre se pinta de negro. Los poquísimos negros que hay destacan obviamente y está casi fichados (por nuestros ojos, desde luego). Por no haber no hay muchos latinoamericanos y los que hay son argentinos o chilenos, población banca. Esto a mi modo de ver conspira contra la integración y favorece la xenofobia. Yo misma me doy cuenta de que cuando salgo me pongo a contar gente morena y es ya por los años aquí. Vivir en una gran ciudad es lo mejor que nos puede pasar, tener el roce de la gente a diario y hablar con todos.
Hago mi vida aquí y veo mi futuro aquí. He vuelto a Venezuela recientemente, en Noviembre 2010 y la verdad es que no me quedaron ganas de volver. Tenía 3 años sin ir y el cambio fue muy grande. Parecía que hubiese pasado un tornado, no recordaba las cosas tan destruidas, una cuidad sucia, vieja, rota. Todo increíblemente caro, muchas veces más caro que en Europa y la calidad muy por debajo. Se respira un aire de violencia y desconfianza por todos lados. Es un paisaje triste, atemorizado y violento. Siento que hasta las personas se han contagiado de eso, no son los mismos, se vive en guetos y no quiero eso para mí.
Hubo algo que me chocó muchísimo, parece que la pobreza es proporcional a la necesidad de aparentar; conseguí gente muy frívola, muy plástica. Casi todas las mujeres operadísimas (una me dijo que yo era medio marimacha por no haberme puesto tetas), el país cayéndose a trozos y todos pensaban sólo en un Blackberry y en operaciones. En la radio (la escucho por internet) sólo oigo personas que hablan como sifrinos, ese acento tan desagradable, y le comento a una hermana y me dice:”Aquí todo el mundo habla así ahora, la niñera de los hijos de una amiga, que es de un pueblito de los llanos habla así”. He optado por escuchar emisoras venezolanas en AM. Es un caso curioso, sifrinos hay en todos lados, llámalos pijos, fresas o como sea, pero creo que es el único país en el que la gente pobre finge ser hijo de papá, aunque sea en el habla. En España o Andorra (de lo que conozco) nadie que no sea pijo quiere serlo, los detestan y estos, a su vez quieren destacarse, les gusta la diferencia, es casi un club exclusivo. Es un caso de verdad muy curioso.
Sé, que muchos de mis verdaderos amigos no piensan así, pero son los menos. Esa mayoría que es la que vota, se maneja de esta forma por la vida.
Estoy conectada con mi país a diario, lo sufro y amo a partes iguales. Pero sé que ya no podría vivir con tantas injusticias (uno se acostumbra rápido a la libertad) y menos imponérselas a mi esposo. Aquí puedes dormir con las puertas abiertas, no hay rejas, puedes llevar tus joyas con toda tranquilidad, nadie te va a robar el telf., ni el carro y eso no tiene precio. Cuando nos conocimos, al principio pensábamos, si algún día se va Chávez podríamos ir a vivir allá. Pero ahora ni que se vaya, porque Venezuela está tan dañada que pasaran muchos años antes de que vuelva a ser lo que fue. Aunque ya no esté en el poder, los problemas entre rojos y opositores tienen muchos días por delante. Espero equivocarme y que pronto pueda decir, que estaba en un error y que volveré, pero por ahora no lo veo viable. No me quedaron ni ganas de ir de vacaciones, lo único que salvo de todo son los amigos y el mar, que nunca defraudan. Ambas cosas son dos fuertes razones por la que siempre querré volver. El país que recuerdo ya no existe, está sólo en mi memoria y eso no lo pueden expropiar.
Aún así, hay algo que destaco, con todos los problemas que tiene Venezuela aún es un lugar donde ganarse la vida es posible, allí todo se comercializa, la gente es muy consumista y lo que quieras lo vendes. Es un país donde hasta hace unos años se podía soñar, donde yo tenía ilusiones de hacer algo a nivel personal. Yo creo que eso sigue vivo en la gente, ese germen del trabajo puede salvar a esta tierra. Quizás sea que yo no soy de grandes cosas y me conformo con algo que me guste, con lo que me gane la vida y que me sienta realizada.

Este párrafo quizás suene un poco bipolar, pero es que Venezuela lo es, viendo lo que hay aquí y comparando (muy de lejos desde luego) sé que muchas cosas podrían ser posibles, pero por otro lado te aplasta una realidad tan cruel como esto que me acaban de contar: que una tienda de esas de toda la vida, donde solía ir mucho, la cierra el gobierno y todos los que trabajan allí irán a la calle, el dueño un señor mayor ve cómo le quitan su negocio, con él los años que lleva contribuyendo con el país y todos sus esfuerzos. Lo más triste es que no es un caso único, cuando estuve en noviembre vi muchos comercios del centro cerrados y otros ya amenazados. Y entonces piensas ¿A quién se le puede ocurrir poner un negocio o venir a vivir a un país con semejante inseguridad comercial, jurídica, civil y personal?

Yo siento que Andorra me ha robado mis sueños. Lo digo porque si quieres montar un negocio es imposible con los alquileres, los trabajos que hay no implican ningún reto, no hay nada creativo, no puedo hacer nada con los estudios que hice. Por no haber no hay ni teatros, ni museos y eso para alguien creativo es muy malo.
Hoy de hecho hablaba sobre las vacaciones con mi marido y pensé, yo en Caracas no tenía estas ansias, esta necesidad imperativa de irme de vacaciones, de hecho mucha gente no se va nunca a ningún lugar y no lo pasa tan mal. Es más llevadero ¿Por qué? Porque allá tú sales y te encuentras con amigos, te vas a tomar algo, salir ya es una experiencia en sí misma. Siempre hay algo que hacer, si quieres te escapas un día a la Guaira, al Ávila, a un museo o a un centro comercial. En Andorra es necesario salir, supongo que al vivir en una grieta, entre montañas, llega un momento en que te falta el aire.
Siento mucho si este texto es confuso y contradictorio. Que suene a queja, a lamento y añoranzas, pero es lo que hay

6 comentarios:

  1. Eleonora, muy conmovida con el texto de usted, no es sentimentalismo, no lo tome ni lo tomo como tal, es la saudade que muchos sentimos,todos, incluso personas que no estamos fuera del país imaginate, por el espacio libre y próspero que alguna vez intentó ser Venezuela; es verdad, nadie, ni una nación puede seguir adelante olvidando el mal hecho en el pasado pero no considero justo ni sensato que el resentimiento, la codicia y la ignorancia de tantos estén truncando el porvenir de esta nación, de muchos de quienes nos decimos o sentimos ciudadanos de esta tierra. Vivo en el interior del país , entre montañas, pero no es muy distinto de lo que tu cuentas, salvo el aspecto económico claro y la inseguridad que ahora se respira hasta en el rincón mas olvidado de Dios; las personas , igual, sumergidas en sus pequeñeces y trivialidades, dejando pasar la oportunidad de una vida plena , entretenidos con sus juguetes tecnológicos y jugando un juego que no sabemos , al final, quienes resultarán los verdaderos perdedores, es duro añorar desde afuera,también lo es hacerlo desde el centro de esas cosas que ahora nos separan siendo miembros de un mismo gentilicio , mirandonos como extraños.

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  2. Es asi, no me gusta nada la idea de que se me pase la vida sin vivir. Y la vida está en las relaciones con los amigos, la familia,en sentirte útil y esa sensación de bienestar que te puede producir el lugar donde habitas.

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  3. Estoy aun aquí en Venezuela, pero por mi trabajo tengo contacto cotidiano con personas de todas edades y procedencias que emigraron y sufren las consecuencias de esa difícil decisión y muchas veces que se han ido porque han visto peligrar no solo sus sueños sino su propia supervivencia, el caso es que, como sociedad hemos sido libres, abiertos y espontáneos; libres para decidir, abiertos para recibir a todo y de todo mundo y espontáneos para expresarnos y comunicarnos entre nos y con ajenos y cada uno que emigra (entre otras cosas)
    por ver su idiosincrasia amenazada por un régimen opresor importado y muy extraño a sus creencias y costumbres, sale buscando esa libertad y ese calor humano, esa amabilidad y hasta el sentido del humor y la alegría característica y que lamentablemente ningún otro país posee. El shock es terrible, sea en Europa, USA o aquí cerca en la misma latinoamérica se encuentran con gente bien sea miedosa, acomplejada, cerrada y triste, llena de poses y barnices de cultura de lo "políticamente correcto" pero que solo ocultan un gran miedo a disfrutar vivir. Por lo que creo que esa salida masiva y desesperada de nosotros los venezolanos ha resultado ser una gran lección en colectivo para un pueblo que nunca valoró sus posibilidades, sus grandes fortalezas y sus riquezas que por supuesto las más grandes son inmateriales. Creo que el éxodo masivo que se ha dado tiene sentido y que sirve para 2 propósitos fundamentales: fortalecer nuestra autoestima y por otro para que otros pueblos aprendan a confiar, a disfrutar y a reírse de sí mismos. Saludos y nadie hará por nosotros la tarea que nos corresponde realizar, mi tarea hasta el momento es poner todo mi corazón en la transformación y recuperación de mi amado país y su bella gente.

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  4. Allí donde estés, donde elegiste estar, espero encuentres lo que buscaste en este mundo hasta el fin. Hasta siempre, Elio

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  5. Es impactante saber que en la soledad de su casa se encontró con la frontera y la migración de la cual ya no volvemos. Gracias por tú aporte y tú historia. No te conocí pero lamento tú temprana partida. Hasta la vista Eleonora!!!

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